Deutsche Bank: lo que el banco nunca cuenta a sus clientes
Hace ya algunos años, trabajaba como administrador de una sociedad en Madrid. Por el cargo que entonces ocupaba, así como por mi formación extraacadémica, he tenido siempre una sensibilidad muy particular sobre temas relacionados con la calidad de servicios, el customer service y el servicio interno. Buscando ofrecer la excelencia a mis clientes, esperaba genuinamente de mis colaboradores y proveedores el mismo grado de compromiso, toda vez que, sin ellos, esa meta no pasaría del estado de ambición al no ser posible su realización.
Es por ello que la elección de tus compañeros de camino es esencial y pese a la criba o a tus esfuerzos por hacer una selección rigorosa, es muy difícil asegurarte que tus opciones son las más correctas.
Precisamente por la fama de rigor que tienen los germanos, decidí establecer relaciones profesionales con el Deutsche Bank. Fue el principio de una lenta y surrealista pesadilla que acabó con la intervención del Banco de España y del defensor del cliente después de un año de lucha.
En aquel entonces tenía asuntos más importantes que tratar y no quise demandar al banco, aunque la última faena que me hicieron era digna de juzgado de guardia; recuperé mi dinero y di por zanjado el caso, pero ahora que dispongo de tiempo, me he puesto a rebuscar en mis archivos y he decidido hacer público la historia. El objetivo no es otro que alertar a posibles “víctimas” de otros abusos y enseñarles el camino a seguir para defender sus derechos.
No voy a relatar toda la historia aquí, para eso he preferido poner a disposición del lector toda la documentación y correspondencia habida entre la sociedad que representaba y las distintas partes que intervinieron en el caso. Los documentos están colocados de forma cronológica y su numeración corresponde a su orden de antigüedad.
Son muchas páginas, ya lo sé, y eso que he omitido algunas cartas que no aportan nada al caso pero que fueron necesarias para avanzar con el proceso – envío de escrituras y de poderes al Banco de España, formularios de entradas de las reclamaciones, etc. –, pero la lectura de esos documentos es muy esclarecedora sobre la forma en que se ha comportado el banco – el director esperó los dos meses exactos de plazo máximo establecido para contestar a la primera reclamación y no hubo ni una nota de disculpas por parte de la sucursal que cometió las irregularidades; para eso tuvo que dar la cara el departamento de atención al cliente de la central de Barcelona – y sobre la forma de proceder para obtener entera satisfacción de tus demandas – aunque no te paguen el tiempo perdido ni las aspirinas para tus dolores de cabeza –
Es por ello que la elección de tus compañeros de camino es esencial y pese a la criba o a tus esfuerzos por hacer una selección rigorosa, es muy difícil asegurarte que tus opciones son las más correctas.
Precisamente por la fama de rigor que tienen los germanos, decidí establecer relaciones profesionales con el Deutsche Bank. Fue el principio de una lenta y surrealista pesadilla que acabó con la intervención del Banco de España y del defensor del cliente después de un año de lucha.
En aquel entonces tenía asuntos más importantes que tratar y no quise demandar al banco, aunque la última faena que me hicieron era digna de juzgado de guardia; recuperé mi dinero y di por zanjado el caso, pero ahora que dispongo de tiempo, me he puesto a rebuscar en mis archivos y he decidido hacer público la historia. El objetivo no es otro que alertar a posibles “víctimas” de otros abusos y enseñarles el camino a seguir para defender sus derechos.
No voy a relatar toda la historia aquí, para eso he preferido poner a disposición del lector toda la documentación y correspondencia habida entre la sociedad que representaba y las distintas partes que intervinieron en el caso. Los documentos están colocados de forma cronológica y su numeración corresponde a su orden de antigüedad.
Son muchas páginas, ya lo sé, y eso que he omitido algunas cartas que no aportan nada al caso pero que fueron necesarias para avanzar con el proceso – envío de escrituras y de poderes al Banco de España, formularios de entradas de las reclamaciones, etc. –, pero la lectura de esos documentos es muy esclarecedora sobre la forma en que se ha comportado el banco – el director esperó los dos meses exactos de plazo máximo establecido para contestar a la primera reclamación y no hubo ni una nota de disculpas por parte de la sucursal que cometió las irregularidades; para eso tuvo que dar la cara el departamento de atención al cliente de la central de Barcelona – y sobre la forma de proceder para obtener entera satisfacción de tus demandas – aunque no te paguen el tiempo perdido ni las aspirinas para tus dolores de cabeza –
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1 comentario:
Gracias a la información que ha publicado he podido resolver una situación similar con mi banco. Hay que estar siempre atentos porque a la más mínima te la clavan por delante y por detrás.
Gracias por su ayuda!
Juan Carlos F. Martínez
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